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Conservarse

 
 
 
XXV
Soneto a una mujer que quería “conservarse”,
hecho a la manera de El Bardo.
 
 
Pues la belleza entera está en los ojos,
pero no en los tuyos, sino en los míos,
no vivas pendiente de los antojos
que modas pasajeras y albedríos
 
imponen a médicos vergonzosos;
ni del rigor que exigen los vigores;
ni de potingues y afeites pringosos;
y, menos, de espejos aduladores.
 
Y, como sólo las palabras pueden
ser bálsamo de tus muchos encantos
para que en tu lecho mortal no queden
ocultos y olvidados como tantos,
 
¡déjame que te mire y que te escriba,
porque esté tu hermosura siempre viva!

[Ernst Ludwig Kirchner. Sich kämmender Akt. Domino público]

 
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