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Hamadríade

 
 
 
 
 V
 
Hamadríade
 
Cada mañana la encontraba, ausente,
esperando su turno en el semáforo.
Era verano y pisaba ligera,
como si su pasado no pesara.
Caminaba unos pasos detrás de ella,
lánguida y dulce, mientras los aviones
clamaban por su alimento celeste.
A su izquierda dejaba siempre un arce
y con las suaves yemas de los dedos
acariciaba el tronco levemente
para doblar después a su Destino.
 
 
[Evelyn de Morgan. Dryade. Dominio público]
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