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oncena viii

viii

…Ardor cautivo que espera tu paso,
método para colmar la belleza
y aplazar su debilidad marchita.
No quiero tocarte, sólo soñarlo
e impedir que nuestros sueños se junten,
que no conozcan la furia tus dones.
Injusta certeza de quien, amando,
sembró dolor en las vidas ajenas
(el monstruo de verdor insoportable)
y borró de tu rostro la sonrisa.
Pasa, pues, de largo sin saludarme…

 

[J.A.R. El Libro gris, noviembre de 2006.]

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