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Oncena iv

 
 

iv

 

Detrás de todos los niños felices

hay un mudo y extremo sacrificio,

con sus risas y juegos estridentes

enmudecen voces de sufrimiento

contenido, y  los crepúsculos rojos

sobre las pérgolas y los estanques,

que reflejan tormentas interiores,

les pasan siempre desapercibidos

haciendo travesuras con los patos.

Detrás de sus miradas inocentes

de soslayo la Muerte nos contempla.
 
 
 
[J.A.R. Muñecas rotas. Roma, 2005]
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